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Que no!, que no la quiero pisar. No quiero pisar la hierba. Aunque no tiene dueño me oye, escucha y me siente. Suya es la aurora y el atardecer. Y en su recorrido, miles de veinticuatro horas se suceden cada minuto. Que no le pongan cercas ni muros ni estacas, que no tienen amo las fronteras. Déjame acariciarla, deja que me acaricie, que no quiero pisar la yerba. |