Capítulo XIII

CAPÍTULO XIII

L ENCUENTRO

   Sin embargo, una tarde casi pude llegar hasta donde estaba lo que parecía su hogar, un cobertizo de helechos precedía, a modo de porche, a aquella oquedad en la roca, una gruta dentro del acantilado. Sentado en una pequeña piedra pude observar, desde la entrada, parte del interior. La pared de roca estaba cubierta de estanterías, mayormente objetos, aunque podían distinguirse algunos libros, un catalejo, cofres, también un sextante y hasta le pareció vislumbrar el marco de algún cuadro colgado o, tal vez, se tratase de una carta náutica… El caso es que el Viejo Capitán sabía de mi llegada y, lejos de inquietarle mi proximidad, seguía empeñado en ignorarla. Podía oirle dentro de su cueva mover cachivaches e incluso comenzó a susurrar una canción cuando salió al exterior tendiendo en la mano una taza de té. Lo tomé sin rechistar, ahora era él el silencioso o, tal vez, silenciado. NOVELA El Cantor De OlasY entonces le escuché, el Viejo Capitán habló y lo hizo con ganas contenidas, explicó cómo llegó hasta allí, cómo descubrió Claridades y por qué dejó todo lo anterior por su amor al mar, si alguna vez tuvo algo. Narró con deleite parte de sus exploraciones mejor recordadas, sin olvidar el detalle curioso o culto ni tampoco la moraleja sabia del hombre que se construyó a sí mismo aún a riesgo de naufragios. No había quejas o lamento en sus palabras ni tampoco en el tono pausado y convincente que las imprimía.
 Y, de repente, como si estuviera deseoso por sentirse escuchado, pareció dar rienda suelta a todo su caudal radiante de conocimientos, de enseñanzas calladas durante demasiados días solitarios, sin importarle las pausas, mas que para tomar aliento y respirar, para dar el tono apropiado de la expresión, porque era la vida lo que le iba en ello. Era la historia del Viejo Capitán...

PREVIOSALIRAVANZAR